
"La seguridad que elogian los que nos visitan"
La frase de Britos que no cierra con el Chivilcoy real
"La seguridad que elogian los que nos visitan": la frase de Britos que no cierra con el Chivilcoy real
*El miércoles, al inaugurar dos cuadras de asfalto, el intendente Guillermo Britos aseguró que la seguridad de la ciudad "es elogiada por todos quienes nos visitan". Lo dijo con Chivilcoy ya golpeada por una seguidilla de robos de motos, comercios y entraderas en viviendas. Dos días después, un mismo encapuchado asaltaba cuatro comercios a mano armada en una sola tarde, y una psicóloga aparecía atada de pies y manos en su consultorio.*
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Para el miércoles, cuando Britos inauguró dos cuadras de pavimento de hormigón en el barrio General San Martín, Chivilcoy ya venía golpeada. Motos que desaparecen, entraderas nocturnas con la familia durmiendo adentro, comercios reventados de madrugada. Muchos de esos hechos ni siquiera llegan a la denuncia. Con ese telón de fondo, el intendente eligió cerrar su balance de gestión con una frase que a más de un vecino le quedó atravesada.
"Nuestro Hospital es de excelencia, la obra pública sigue funcionando y la seguridad de la ciudad es elogiada por todos quienes nos visitan. Así que no nos vamos a detener", afirmó.
Dos días después, el viernes a la tarde, la realidad le contestó sola. En un puñado de minutos, un mismo delincuente armado y con el rostro tapado le pasó por encima a cuatro comercios del centro. Cerca de las 18:45 entró a la Agencia Avenida, sobre la Avenida Suárez al 229, exhibió un arma sobre el mostrador y se fue con el dinero de cambio. En el Súper Bomber, de 25 de Mayo al 666, se llevó unos 200 mil pesos. En La Marisquería, en 84 y 25 de Mayo, entró, mostró el arma y salió en 27 segundos con un botín cercano al millón. Y a las 18:50 remató en la agencia Tu Cábala, sobre avenida Güemes, donde se alzó con unos 100 mil pesos mientras le pedía perdón a la empleada que estaba encañonando. La misma moto, la misma cara tapada, todo en una sola tarde.
Y no fue el único golpe de esos días. En el kiosco Qué Kiosco, sobre José León Suárez al 105, sacaron atados de cigarrillos, cerveza y efectivo. En la aseguradora La Segunda, en San Lorenzo 85, forzaron la puerta y se llevaron 503.895 pesos, un local que ya había sido asaltado apenas meses antes. A la agencia de quiniela Capicúa, en Ceballos y Paso de la Patria, le destrozaron el vidrio blindex de la entrada. Hasta la cámara de seguridad de otro kiosco de la zona terminó rota.
Y si el comercio la está pasando mal, los barrios no se quedan atrás. La modalidad que más asusta es la entradera de noche, con la familia durmiendo adentro. Pasó en Brandsen y Coronel Suárez, donde entraron por una ventana sin siquiera forzarla y se fugaron con aparatos electrónicos. Pasó en el barrio cercano a la ex Glaxo, entre el Acceso Eva Perón y las calles 1 a 5, donde los vecinos vienen denunciando a un Volkswagen Gol rojo que merodea de día y vuelve de noche. Hasta el abogado Julio Maturo contó al aire de una radio local que le entraron de madrugada a su casa de calle Pringles.
En el barrio Las Araucarias rompieron un postigo y se llevaron el televisor, un horno eléctrico, la garrafa y las cajas de herramientas de una familia. En la zona de las calles 13 y 15 el desánimo ya es otra cosa: una misma casa sufrió su séptimo robo, y el dueño terminó tomando la decisión de no dejar nada de valor adentro. A pocos metros, otra familia también fue víctima de la misma modalidad.
Pero el caso que más impresionó fue otro. Una psicóloga terminó atada de pies y manos en su propio consultorio. El agresor se presentó como paciente, esperó a que terminara la sesión y ahí la redujo, la maniató y escapó con dos celulares, un manojo de llaves, un parlante, unos anteojos de sol y 30 mil pesos. Hacerse pasar por paciente para atacar a una profesional mientras trabajaba erizó la piel de toda la ciudad. El GTO y la Sub DDI allanaron un domicilio de avenida Urquiza al 492 y aprehendieron a Javier Germán Martínez, de 40 años, oriundo de Avellaneda y radicado hace poco en Chivilcoy, a quien le secuestraron parte de lo sustraído. Según la Secretaría de Seguridad, Martínez arrastra antecedentes por abuso sexual, portación de armas de guerra, infracción a la ley de drogas, violación de domicilio y lesiones, y no descartan que esté detrás de otros hechos recientes en la ciudad.
Lo que une a casi todos estos hechos es una misma bronca. Los vecinos hicieron los deberes. Radicaron las denuncias, entregaron las grabaciones de sus propias cámaras, aportaron fotos donde se ve la cara de los autores. Y aun así, el delito se repite en las mismas cuadras, con los mismos sospechosos, sin que nada cambie.
## De dónde vienen los que elogian
La seguridad de la ciudad, elogiada por todos los que la visitan. Uno se pregunta de dónde vienen esos visitantes. Si llegan de Rosario, capaz que Chivilcoy les parezca un oasis.
No fue la única lectura optimista de aquel miércoles. En el mismo acto, Britos relativizó los hechos. "Nadie puede prometer en ningún lugar delito cero, ningún lugar, mucho menos en una ciudad como Chivilcoy", dijo, y para respaldar el balance recurrió a una comparación histórica: "En la gestión anterior a la mía hubo 16 homicidios en ocasión de robo. En la mía no hubo ninguno". Remató quejándose de que lo critican, de que quieren "hacer quedar como que Chivilcoy es una ciudad que no es".
El problema es que entre el homicidio y el hurto hay un abismo, y es justo ahí donde el discurso oficial elige no mirar. Que no haya homicidios en ocasión de robo es una buena noticia y nadie la discute. Pero no es de eso de lo que se queja el comerciante que abre la persiana y encuentra el local reventado, ni la psicóloga que atiende y termina maniatada por un falso paciente. La vara del "delito cero" es cómoda porque es imposible de exigir. La que mide el vecino es otra, mucho más terrenal: si puede dejar la moto en la vereda sin que vuele, o trabajar sin que un desconocido lo reduzca. Esa, hoy, en Chivilcoy, se está perdiendo.
## Cambió el nombre, no el equipo ni el resultado
Conviene recordar algo que el discurso oficial prefiere pasar por alto. En enero, Britos cambió al secretario de Seguridad: sacó a Arturo Pertosa y puso a Néstor Dabi. Pero el recambio fue de cartel, no de equipo. Dabi mantiene toda la cúpula que ya venía funcionando, con el asesor de seguridad Loyola y el director de seguridad Luis Antonelli en sus mismos lugares.
Y por encima de todos ellos hay un dato que la ley no deja discutir. El jefe de la Policía Comunal de Chivilcoy es, siempre, el intendente. Es decir, Guillermo Britos. El mismo que el miércoles hablaba de una seguridad elogiada desde afuera es, por mandato legal, el máximo responsable de la seguridad que los vecinos dicen no tener.
Por eso la frase de aquel acto pega distinto. La dijo el jefe de la Policía Comunal, y dos días después cuatro comercios eran asaltados a mano armada en una sola tarde y una psicóloga aparecía atada en su consultorio. Los que nos visitan podrán elogiar cuanto quieran. Los que vivimos acá seguimos contando los robos.